Mujer al volante, ¿peligro constante?

 

El 2019 ha marcado un mínimo histórico de víctimas mortales en accidentes de tráfico en el Estado; 1.098 personas han fallecido y 4.395 requirieron ingreso hospitalario. Todo ello con un aumento del parque de vehículos y del censo de conductores.

Analizar los datos de accidentes protagonizados por hombres y mujeres es bastante clarificador para revelar la verdad en torno a la idea de quién conduce mejor.

Las automovilistas suponen el 40% del censo de conductores; pero sólo en torno al 10% de los muertes por accidente de tráfico.  Ellas fallecen más cuando van de pasajeras, mientras que ellos mueren más cuando están al volante.

Hay estudios que dicen que los hombres coordinan mejor las extremidades y sus técnicas de conducción son más elaboradas, consiguen una mayor precisión en pruebas de habilidad motora y experimentan un mayor exceso de confianza.  Unido a un carácter más agresivo al volante, menos respeto a las señales de tráfico y un mayor índice de conducción bajo los efectos de drogas y alcohol, provoca un cóctel que genera un mayor número de accidentes graves en hombres (75%)  que en mujeres (25%).

Tópicos de género

Por el contrario, las mujeres se toman más tiempo para aprender a maniobrar en la conducción del auto, por lo que son más precavidas, son más respetuosas con las señales de tráfico, más prudentes, se ponen con menor frecuencia al volante bajo los efectos del alcohol, respetan más las distancias de seguridad y límites de velocidad. Debido a esta prudencia y según las estadísticas, se ven involucradas en un número menor de accidentes

Por lo tanto, tópicos de género extendidos en la cultura popular como: “seguro que conducía una mujer”, “mujer tenía que ser”, “mujer al volante peligro constante” son falsos.  Fraude del todo inexacto que falta a la verdad y adultera la objetividad de las propias estadísticas.

No estamos hablando de brechas salariales, ni de lucha por la igualdad –eso sería otro capítulo aparte–.  Estamos simplemente haciendo justicia a una realidad implacable: los números confirman que el aparente protagonismo del hombre en el mundo del motor es un timo.  Ellas son las verdaderas protagonistas, no sólo porque conducen poniendo en menor riesgo su vida; sino porque son mucho menos propensas a poner en riesgo la vida de los demás.